darkness becomes me
There’s nothing I can see


Ya conocía la pesadilla.

La conocía a la perfección a pesar de vivirla muy de vez en cuando, sobre todo cuando se encontraba en aquel estado. Tasha pegó un grito en el silencio de la noche al tiempo que despertaba sobresaltada en busca de aire y de Lázarus. Normalmente le quitaba el mal rato o él mismo notaba cuando ella tenía una pesadilla y ya estaba ayudándola a alejarla. Pero obviamente el frío en la cama le recordó que él no estaba y que era su culpa aquella ausencia. No sabía si estaba en el sillón o simplemente no estaba, pero tampoco quería darle demasiadas vueltas a eso. No estaba y se tenía que arreglar sola.

La pesadilla era siempre la misma, pensaba que se había acostumbrado a ella. Comenzaba con ella en el suelo, claramente luego de su Iluminación y se encontraba con su padre. Tasha se llevó las manos al cuello sintiendo como si el dolor fuera real, casi creía haber sentido la falta de aire por las manos de su padre quitándole el último aliento.

Nadie le había dicho que iba a revivir todas las noches su muerte, supuso que era algo que sucedía en todos los Alquimistas con la Segunda Oportunidad.

Se acercó a la ventana dispuesta a distraerse un poco y sacarse aquella sensación horrible que debía quitársela sola. La tormenta comenzaba recordándole que se encontraba aún en Londres y que era común esa lluvia constante, aunque le sorprendía la furia de la tormenta. Un rayo cayó interrumpiendo su tranquilidad y se estremeció un poco al escuchar su nombre.

Alguien había dicho su nombre, estaba segura.

Miró hacia atrás en busca de alguna persona como Lázarus (ya quisiera), Shiloh o Azalea pero se encontró sola en la habitación, ni siquiera los perros estaban cerca o Theo buscándola. Se encontraba sola como ella había deseado o como las consecuencias la habían dejado. Tenía que soportarlo.

Tasha

Ahí estaba de nuevo, la maldita voz llamándola… ¿O era su mente? No podía realmente con la curiosidad, funcionaba realmente por los impulsos que comían esa necesidad de descubrir que pasaba. Tranquilamente podía cerrar los ojos e ignorar la voz constante llamándola como si quisiera algo. Podía pero Tasha no quería.

Tomó su chaqueta, subiéndose la capucha de esta para no mojarse y siguió la voz que cada vez se hacía más fuerte. ¿Misión suicida? No sabía. ¿Trampa? Eso era seguro. Uno podía sentir la trampa cuando la tenía frente a sus ojos pero pocas veces uno reaccionaba como debía. Tasha sabía que estaba siendo entregada como carne de cañón pero no podía simplemente irse a dormir con la voz llamándola, ella necesitaba saber quién la buscaba.

El departamento estaba vacío y oscuro, como debía estarlo a esas horas de la madrugad, pero la voz no la llamaba de alguna habitación sino del exterior. Con la curiosidad como bandera, Tasha se subió el cierre de la chaqueta dispuesta a morirse de frío.

No sólo siguió escuchando su nombre, sino que comenzó a escuchar fragmentos de conversaciones en donde ella participaba. Frases que decía, comentarios, risas. Al principio era su voz pero luego eran voces que ella desconocía, gente sufriendo, gente gritando y sintió aquel frío conocido. Aquel frío que creyó olvidar cuando el ángel Akiva la ayudó a quitarse sus poderes ‘extras’.

Pero ahí estaba de nuevo, las consecuencias de haber revivido.

No todos podían morir y revivir con tanta facilidad, Tasha había estado demasiado tiempo en las sombras para convertirse también en una de ellas. “Besada por las sombras” le habían dicho, sólo solía pasarle a Alquimistas lo suficientemente débiles como para no afrontar la muerte. Y obviamente, ella era lo suficientemente débil como para quedar entre ambos mundos. Como consecuencia de su debilidad, las sombras (a Tasha no le gustaba llamarlos fantasmas, muertos, ancestros) la perseguían recordándole que ella había sido una de ellas  y que podía volver en cualquier momento.

La necesidad de esa oscuridad, de escuchar las voces diciéndole que hacer, que decisiones tomar, hizo que sus pasos fueran más rápidos al correr por las escaleras que la llevarían a la azotea. El frío era terrible, lograba sentirlo en todas las partes de su cuerpo por lo desabrigada que estaba y no era ayuda la lluvia empapandola.

Y la escuchó.

Pudo escuchar la maldita risita divertida que Tasha odiaba y temía al mismo tiempo. ¿Cómo no se dio cuenta antes? ¿Cómo no notó las casualidades? No necesitaba escucharla hablar para saber de quien se trataba, podía verla a pesar de no conocer realmente su cuerpo verdadero, su peor pesadilla estaba ahí… buscándola.

A ver… recordemos, Tash, ¿Quién murió en esta azotea? ¡Tienes dos minutos para descubrirlo! ¡Vamos, vamos! —dijo ella divertida, soltando esa risita que a Tasha le daba nauseas.

Se giró sobre sus talones al tiempo que un relámpago iluminaba el rostro de Bree, quien le regalaba su sonrisa de niña que no se parecía en nada a la de Tasha. Por primera vez pudo ver su verdadero rostro, ya no en su cuerpo, y pudo comprender porque Lazarus había dicho que se parecían. No eran idénticas pero se parecían, salvo que Bree tenía esa sonrisa de niña malvada que no podía comprender como Laz se había enamorado de ella. Bueno, tampoco como lo había hecho de ella.

Eres aburridamente inmortal —se quejó Tasha suspirando finalmente al entender que no tenía escapatoria a aquello. Ella estaba ahí y tenía que lidiar con ella.

Ay, Tash, linda… no me digas aburrida a mí —dijo ella acercándose lentamente hacia Tasha, que lamentablemente no se movió ante su acecho—. Porque aquí la que tiene la vida en picada eres tú. Ya no tienes a mi Laz para que te cuide, vuelves a verme a mí, que siempre estuve aquí influenciándote de maneras indiscretas y… lo peor de todo, sigues marcada.

Al escuchar eso, Tasha entró en acción y sus ojos buscaron la marca en su brazo, pero cubierta por su chaqueta no la encontró. No, no. Ella se había salvado de eso, ella había logrado salir victoriosa de eso. No podía volver a vivir con esa marca, pero cuando se sacó la chaqueta y levantó la manga de su pijama la vio. La marca seguía ahí. 

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